La idea de que las modelos ya no están de moda puede sonar provocadora, pero en el panorama publicitario actual la autenticidad está demostrando ser más poderosa que la perfección. En las industrias de la moda y la belleza, las marcas se están alejando de los rostros pulidos tradicionalmente proporcionados por una agencia de modelos y, en su lugar, están poniendo el foco en sus propios empleados. Este cambio refleja un movimiento cultural más amplio: los consumidores quieren ver personas reales, cuerpos reales y historias reales que reflejen sus propias vidas, en lugar de imágenes idealizadas creadas a partir de fórmulas de marketing.
A medida que las redes sociales transforman la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás, los roles de género rígidos y los estándares de belleza limitados están dando paso a narrativas más inclusivas. Los compradores se muestran cada vez más escépticos ante campañas basadas en modelos profesionales impecables, incluso aquellas representadas por las principales agencias de modelos. Cuando se trata de maquillaje o ropa, la gente quiere identificarse. Ver a alguien que se parece a ellos, se viste como ellos y vive como ellos hace más fácil creer que un producto funcionará en su propia realidad cotidiana.
Uno de los ejemplos más claros de esta evolución surgió cuando las marcas comenzaron a adoptar modelos de tallas grandes y no tradicionales, desafiando las normas históricas de la industria del modelaje. Diseñadoras como Diane von Furstenberg y Rebecca Minkoff se alejaron públicamente de trabajar exclusivamente con figuras “impecables” listas para la pasarela, optando en su lugar por mujeres que representaran mejor a sus clientas reales. No fue un rechazo del modelaje en sí, sino una redefinición de quién puede ser modelo.
Esta estrategia puede parecer contemporánea, pero sus raíces se remontan a décadas atrás. Ya en la década de 1960, los anunciantes se dieron cuenta de que los consumidores eran más propensos a comprar cuando podían compararse directamente con la persona del anuncio. Cuando una compradora puede pensar honestamente: “Ella se parece a mí; si ese suéter le queda bien, podría quedarme bien a mí”, la distancia entre la inspiración y la compra se reduce de forma drástica. En este contexto, los empleados cotidianos se convierten en poderosos embajadores de marca, a menudo más persuasivos que las modelos de carrera firmadas por una agencia global.
ModCloth es citado con frecuencia como pionero de este enfoque. En 2015, el minorista lanzó una campaña de trajes de baño protagonizada por sus propias empleadas, mostrando una amplia variedad de tipos de cuerpo, tonos de piel y estilos personales. La decisión fue en parte una respuesta a la controversia del sector en torno a la representación de modelos de tallas grandes, pero rápidamente se convirtió en un éxito comercial. Al mostrar sus productos en mujeres reales que trabajaban para la marca, ModCloth transformó el modelaje en una experiencia cercana y generadora de confianza, y los resultados hablaron por sí solos: las ventas de trajes de baño aumentaron en más de un 50 %.
Hoy en día, ModCloth sigue presentando a miembros de su equipo en campañas publicitarias y en sus feeds de Instagram, ofreciendo a los clientes una idea más clara del ajuste, el estilo y la versatilidad. Otras marcas, como Shopbop y Madewell, han adoptado tácticas similares, combinando modelos tradicionales con talento interno. Este enfoque híbrido demuestra que el modelaje ya no se limita a los listados de agencias; se está convirtiendo en un espacio compartido donde conviven la autenticidad y la profesionalidad.
Las marcas de belleza también han seguido este camino. Las campañas de Sephora han destacado a asesores de ventas de distintas regiones y orígenes, unidos por una pasión compartida por la belleza más que por una apariencia uniforme. De este modo, la marca reconoció una verdad sencilla: el mundo es diverso y el marketing exitoso debe reflejar esa diversidad. Para muchos consumidores, ver un rostro familiar —alguien que realmente trabaja con los productos a diario— genera más confianza que una imagen impecable creada por una agencia de modelos distante.
Incluso los medios editoriales han adoptado esta filosofía. Antiguos editores de revistas de moda han señalado que presentar a sus propios equipos ayudaba a los lectores a comprender los productos de manera más realista. Cuando editores o empleados muestran cómo usar maquillaje o combinar prendas, el consejo se siente vivido y práctico, no aspiracional hasta el punto de resultar distante.
En definitiva, este cambio no señala la muerte de las modelos ni del modelaje, ni hace obsoletas a las agencias de modelos. Más bien, marca una ampliación de quién puede representar a una marca. Empleados, clientes y modelos tradicionales comparten ahora el mismo escenario, transformando colectivamente la imagen de la moda en algo más honesto, inclusivo y eficaz. En un mercado impulsado por la conexión, la cercanía se ha convertido en el nuevo ideal, y es una tendencia que llegó para quedarse.