Puede parecer inconcebible que una modelo pueda luchar contra la inseguridad, y sin embargo, esa ha sido mi experiencia. La primera vez que escuché el término supermodelo, resonó en mí como una fuente de fuerza. Al abrazar esta idea y permitirme asumir un personaje casi sobrehumano, pude superar los límites que me imponía y lograr mucho más de lo que jamás habría imaginado. Esta transformación interior es parte integral del modelaje, una profesión que va mucho más allá de la apariencia.
Por eso, treinta años después, sigo profundamente apasionada por la industria de la moda. La moda y la belleza, en su expresión más pura, pueden convertirse en herramientas de empoderamiento, casi como una armadura. Permiten que las modelos se definan, se redefinan o resalten un atributo particular. Muy a menudo, también necesitamos orientación, ya sea de un mentor, de una agencia de modelos o del entorno creativo que ofrecen las agencias de modelos, para encontrar nuestro camino y perseverar más allá de la duda.
Al inicio de mi carrera, Karl Lagerfeld me dio un consejo valioso: sé tú misma y confía en tu instinto en lugar de intentar cumplir con las expectativas de los demás. Esta idea resuena con la famosa cita de Oscar Wilde: “Sé tú mismo; todos los demás ya están ocupados.” Hasta mi primera portada de revista, vivía con el temor de que todo pudiera detenerse en cualquier momento. Sin embargo, al demostrarme que podía triunfar en un mundo a veces alejado de mi naturaleza instintiva, desarrollé una resiliencia y confianza mucho más profundas.
En esta reflexión, la noción de ícono ocupa un lugar central. Ser icónico no se decreta de inmediato: el tiempo es esencial. A diferencia de la simple fama, a menudo efímera, el ícono se revela a través del impacto duradero de una imagen, una persona o un movimiento. Es esta dimensión atemporal la que distingue a ciertas figuras del modelaje y marca la historia de la moda.
El poder de una imagen fue particularmente evidente en mi colaboración con la fotógrafa y directora alemana Ellen Von Unwerth. Ella vio en mí una parte de Brigitte Bardot y, con humor y libertad, me guió hacia este papel. Juntas creamos una estética que se volvió emblemática de las campañas de Guess Jeans, donde momentos que podrían haber parecido voyeuristas se transformaron en imágenes fuertes, bellas e inspiradoras.
Considero este período como una verdadera edad de oro de la moda. Antes de la era digital, las sesiones fotográficas duraban semanas, y las modelos, apoyadas por sus agencias, eran el corazón de las marcas. Diseñadores visionarios como Gianni Versace redefinieron los desfiles de moda, convirtiendo cada presentación en una performance mediática donde moda, música y arte se unían para tener un impacto mucho más allá de la industria.
Por último, celebrar la historia sigue siendo esencial. Cuando Donatella Versace reunió a Naomi Campbell, Cindy Crawford, Helena Christensen y Carla Bruni para el final del desfile primavera-verano 2018 en Milán, rindió homenaje al legado de Gianni y creó un momento cargado de emoción. En este caso particular, hago una excepción: el momento en sí fue verdaderamente icónico.