Las presiones económicas están redefiniendo las pasarelas
La era de los espectáculos de moda extravagantes podría estar dando paso a un enfoque más refinado y minimalista, no porque los diseñadores hayan perdido su talento, sino porque la realidad económica está transformando el sector. En medio del aumento de los costes de producción y los cambios en el comportamiento de los consumidores, las casas de moda están replanteándose la forma de presentar sus colecciones.

La temporada otoño/invierno 2025 dejó este cambio muy claro: mientras que megamarcas como Valentino y Balenciaga siguen organizando desfiles fastuosos diseñados para causar impacto en las redes sociales, otras, como The Row, Tom Ford y Givenchy, están dando un paso atrás. Sus presentaciones de esta temporada se limitaron a reuniones íntimas de entre 200 y 300 invitados selectos.

La diplomacia de la reducción

Pero reducir la lista de invitados no está exento de complicaciones. Los expertos del sector advierten de que limitar el acceso puede crear tensiones diplomáticas. Los editores de moda y los compradores influyentes que antes ocupaban los codiciados asientos de la primera fila pueden verse ahora marginados o incluso excluidos.

En un mundo en el que cada asiento puede tener un valor de hasta 77 000 dólares en impacto mediático, según Launchmetrics, las marcas deben caminar por una línea delicada: equilibrar la visibilidad con la exclusividad y la tradición con el cambiante panorama mediático. Los editores, los compradores y las celebridades aportan cada uno un valor distinto, y elegir a quién invitar se ha convertido en un juego estratégico.

La eficiencia por encima del exceso

Detrás de este cambio se esconde una dura realidad económica. Los costes de producción de los desfiles elaborados se han disparado, lo que ha llevado a las marcas a reorientar sus presupuestos hacia valores fundamentales: el diseño, la artesanía y el talento creativo.

Al mismo tiempo, existe una conciencia cada vez mayor de que el revuelo en las redes sociales no siempre se traduce en ventas significativas. Pagar a influencers de la generación Z para que aparezcan en primera fila puede generar clics, pero cada vez más, las marcas se cuestionan el retorno de esa inversión. En su lugar, se está renovando el interés por un público más maduro, que valora la calidad atemporal por encima de las tendencias pasajeras. Esto se hace evidente en el resurgimiento de las supermodelos de los años 90 en campañas de marcas como Zegna y Burberry, lo que señala un retorno al atractivo de la tradición.

El encanto del misterio

Paradójicamente, menos puede ser más. The Row, conocida por su discreción, ha dominado el arte de la anticipación. Al prohibir las fotografías con móviles durante los desfiles y retrasar la publicación de sus lookbooks, la marca crea un aura de misterio que alimenta la intriga y, a menudo, atrae más atención que las campañas sobreexpuestas.

Esta sutileza está dando sus frutos. Mientras que algunas marcas invierten mucho en producción con un rendimiento cada vez menor, otras, como Bally, están consiguiendo una cobertura mediática destacada con solo 100 invitados. En algunos casos, estas producciones minimalistas superan a marcas más grandes como Armani y Blumarine en términos de visibilidad e impacto cultural.

¿Un nuevo capítulo para la Semana de la Moda?

Los desfiles de moda no van a desaparecer. Se espera que casas icónicas como Chanel y Gucci sigan organizando estrenos teatrales que atraigan la atención mundial. Pero la tendencia general apunta hacia un modelo híbrido, que combina una estrategia consciente de los costes con una exclusividad selecta.

A medida que el sector del lujo pasa de un crecimiento agresivo a un refinamiento sostenible, la pregunta no es solo si más pequeño es mejor, sino si menos es el nuevo lujo. En el cambiante panorama de la moda, la intimidad, la intencionalidad y la autenticidad podrían ser los símbolos de estatus definitivos.

June 12, 2025